Necesitamos más Makers, menos Oradores

(Traducción del artículo original de Mawuna Remarque Koutonin)

Mi llamada a fomentar los FabLabs abiertos y Espacios Maker, en vez de tanta incubadora y aceleradoras de modelos de negocios, se debe al firme convencimiento de que, en este estado de desarrollo, África necesita más gente con habilidades de fabricar algo, que con capacidad oratoria.

En este sentido, la historia que lo fundamenta y que sirve de ejemplo para las webs tecnológicas y la blogosfera en general, es la historia de un chico keniata de 13 años, Richard Turere, que sin conocimientos previos de ningún tipo en cuanto a electricidad, y sin acceso alguno a libros ni medio tecnológico, simplemente de forma intuitiva (¡y llevándose varios calambrazos durante el desarrollo de su proyecto!), construyó un sistema ingenioso de ráfagas de luz para asustar a los leones y proteger su ganado.

La historia es la siguiente:

“Richard Turere vive en el borde del Parque Nacional de Nairobi, justo al sur de la ciudad de Nairobi. Es el responsable del cuidado y pastoreo del ganado que sustenta a la familia, y de mantenerlo a salvo de los ataques de predadores, especialmente leones. Estando tan cerca del parque, su ganado está en medio del camino que siguen los leones, por lo que es habitual que siempre sufran pérdidas de cabezas de ganado: vacas, ovejas, cabras…
El Parque Nacional de Nairobi tiene la mayor densidad poblacional de leones, así que con frecuencia depredan aquel ganado que esté más accesible.

A la edad de 11 años, Richard decidió hacer algo al respecto de las pérdidas del ganado familiar. Observó que los leones nunca atacan las granjas cuando alguien está despierto y merodeando con una linterna.

turere-2A los leones, instintivamente, les asusta la gente: huyen de ella. Richard dedujo que los leones asocian las linternas con la gente, así que cogió los leds de varias linternas estropeadas e improvisó un sistema de iluminación automatizado con cuatro o cinco bombillas, alrededor de la empalizada que rodea la granja. Las luces estaban conectadas a una caja con interruptores que, a su vez, estaba conectada a una vieja batería de coche que se carga con un panel solar que sirve para poner en marcha la tele de la familia. Las luces no apuntan hacia el ganado ni a la casa, sino a la oscuridad exterior. Se encienden secuencialmente, dando la impresión de que hay alguien caminando siguiendo el vallado de la granja.”

Podéis leer la historia completa en afrigadget.com, porque, tal como señalan, lo más extraordinario de todo es que Richard no tiene libros ni acceso a las nuevas tecnologías. Dice que no sabe de dónde provienen sus ideas o conocimiento, y que, sí, se ha llevado unos cuantos calambrazos experimentando hasta que ha dado con la solución del problema… Su padre, James, está orgulloso de su hijo, y le ha proporcionado un espacio para trastear con sus quincallas y cacharros.

“Lo hice yo sólo, nadie me enseñó, simplemente me sale así. Tenía que vigilar las vacas de mi padre y garantizar su seguridad.” Richard Turere.

Los “makers” traen consigo el cambio, mientras que los “oradores”, entretienen. Necesitamos más FabLab abiertos a la gente y más MakerSpaces (Espacios Maker).